Generalmente pensamos que los cánceres son causados principalmente por el tabaquismo y otros factores del estilo de vida, la exposición a la radiación UV, la contaminación del aire y otras exposiciones comunes. Sin embargo, los virus contribuyen a aproximadamente el 20% de toda la incidencia de cáncer en todo el mundo.
Los virus actúan en una variedad de etapas de la tumorogénesis y de múltiples maneras. Algunos funcionan como carcinógenos directos, contribuyendo a la transformación de las células cancerosas. Otros funcionan como carcinógenos indirectos, actuando a través de una infección crónica y la inflamación que, a su vez, conduce a mutaciones carcinogénicas. Sin embargo, otros funcionan de maneras completamente diferentes y no encajan en la categoría directa o indirecta. En general, los tumores asociados con la inmunosupresión tienen más probabilidades de ser causados por un virus. La inmunosupresión puede ocurrir como resultado de una enfermedad subyacente (hepatitis B, VIH), el uso de medicamentos para evitar el rechazo de órganos después del trasplante o el envejecimiento.
Virus asociados con el cáncer:

Existe una paradoja común en la relación entre los virus y el cáncer que ha dificultado que los científicos establezcan una relación causal entre ambos. Una gran proporción de la población está infectada con varios de los virus que se sabe que causan cáncer (p. ej., el 80 % de la población se infecta con el VPH en algún momento), pero una proporción muy pequeña de la población infectada desarrolla cáncer. Las razones para esto son muchas, incluyendo que existen más de 200 tipos de VPH, pero solo un pequeño número de ellos son cancerígenos.
Una característica común de los virus oncogénicos es su capacidad de evadir el sistema inmunitario desactivando proteínas que podrían ser detectadas por factores inmunitarios celulares.

Entre los objetivos comunes para la tumorogénesis de los virus se incluyen p53, WNT, P13K, AKT, mTOR y beta-catenina. Los virus también pueden afectar los puntos de control del ciclo celular y los mecanismos antiapoptóticos, y podrían contribuir a la inestabilidad genómica, lo que contribuye a la tumorogénesis.
El primer virus reconocido como causante de cáncer fue observado por el Dr. Peyton Rous y se denomina virus del sarcoma de Rous (RSV), un retrovirus que causa sarcomas en aves. El RSV produce la mutación del gen src, que desempeña un papel importante en la señalización del crecimiento, la angiogénesis, la supervivencia, la proliferación y la motilidad o invasión. Esto se logra alterando las vías de p53, WNT, MAPK entre otras:
1. p53 (TP53)
- Función: Es uno de los genes supresores de tumores más importantes. Produce una proteína que actúa como «guardián del genoma», ya que controla el ciclo celular, promueve la reparación del ADN dañado o induce la muerte celular (apoptosis) si el daño es irreparable.
- Relevancia en cáncer: Las mutaciones en el gen TP53 están presentes en aproximadamente el 50% de los cánceres humanos. Cuando p53 no funciona correctamente, las células dañadas pueden seguir dividiéndose, lo que favorece la aparición de tumores.
2. WNT
- Función: Se refiere a una familia de genes y a la vía de señalización WNT, que regula procesos como la proliferación celular, diferenciación y migración, especialmente durante el desarrollo embrionario.
- Relevancia en cáncer: Alteraciones en esta vía pueden contribuir al desarrollo de varios tipos de cáncer, especialmente el cáncer colorrectal. Mutaciones en genes como APC (que regula WNT) provocan una activación anormal de la vía y crecimiento celular descontrolado.
3. MAPK (Mitogen-Activated Protein Kinase)
- Función: Esta es una ruta de señalización intracelular que transmite señales desde receptores de la superficie celular hasta el ADN en el núcleo. Regula funciones como el crecimiento celular, la diferenciación, la inflamación y la respuesta al estrés.
- Relevancia en cáncer: La activación anormal de la vía MAPK (por mutaciones en genes como RAS, RAF, MEK) puede promover la proliferación celular incontrolada. Es común en cánceres como el melanoma y el cáncer de pulmón.
El primer virus humano identificado como oncovirus fue el virus de Epstein-Barr, perteneciente a la familia de los herpes-virus. El EBV es el principal responsable de la mononucleosis infecciosa aguda. Esta enfermedad se presenta con síntomas como fiebre, dolor de garganta, cansancio intenso e inflamación de los ganglios linfáticos.
El EBV se dirige al linfocito B, causando una infección latente y, en las condiciones adecuadas, podría contribuir a la tumorigénesis.
Estos virus pueden transmitirse entre humanos y establecer infecciones crónicas que a veces pueden durar años, a veces sin síntomas y muy pocas resultan en el desarrollo de cáncer.
¿Cómo puede el ejercicio ayudar a combatirlos?
1. Mejora de la función inmunitaria
Dado que muchos virus oncogénicos (como EBV, VPH o VIH) actúan cuando el sistema inmune está debilitado, el ejercicio regular puede fortalecer la inmunidad, ayudando al cuerpo a:
- Controlar infecciones virales crónicas.
- Mantener a raya virus latentes (como el EBV).
- Aumentar la actividad de las células NK (natural killer), linfocitos T y macrófagos, fundamentales para detectar y eliminar células infectadas o transformadas.
📌 Esto puede reducir la probabilidad de que una infección viral progrese a cáncer.
2. Regulación de vías moleculares alteradas por virus oncogénicos
Los virus como el RSV o el EBV afectan rutas como p53, WNT y MAPK, promoviendo proliferación e inhibiendo apoptosis.
Se ha observado que el ejercicio físico puede modular estas vías:
- p53: El ejercicio puede aumentar su expresión y actividad, favoreciendo la apoptosis de células anómalas.
- WNT y MAPK: La actividad física puede ayudar a regular estas vías, reduciendo la señalización proinflamatoria y de crecimiento descontrolado, especialmente en tejidos como colon, mama y pulmón.
3. Disminución de la inflamación crónica
Muchos virus promueven cáncer a través de la inflamación persistente, que produce un entorno favorable para mutaciones.
El ejercicio:
- Reduce niveles de citoquinas inflamatorias (IL-6, TNF-α, CRP).
- Favorece un entorno antiinflamatorio sistémico, limitando la acción promotora de tumores en tejidos infectados.
4. Mantenimiento del equilibrio hormonal y metabólico
Algunos virus afectan el metabolismo celular y la homeostasis hormonal. El ejercicio:
- Mejora la sensibilidad a la insulina.
- Reduce el estrés oxidativo y el daño al ADN.
- Favorece un microambiente celular más “hostil” para el desarrollo tumoral.
5. Reducción del impacto de la inmunosenescencia
El envejecimiento contribuye a la inmunosupresión, facilitando la acción de virus oncogénicos. El ejercicio ayuda a:
- Mantener un sistema inmunológico más “joven” y funcional.
- Prevenir o retrasar la inmunosenescencia.
6. Modulación epigenética y estabilidad genómica
El ejercicio puede inducir cambios epigenéticos beneficiosos (metilación, acetilación) y favorecer la reparación del ADN, reduciendo la inestabilidad genómica que promueven muchos virus.
Bibliografía:
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